
Vistas al Yelmo es un blog de haiku, esa pequeña estrofa de origen japonés que ha impregnado otras lenguas y que tanto tiene que decir. El nombre hace referencia a la veneración que siento por el Yelmo (casi como la que sienten los japoneses por el monte Fuji) , una de las cumbres de la Sierra de Segura jienense que durante años vi al levantarme.
domingo, 16 de octubre de 2011
sábado, 1 de octubre de 2011
Teatro infantil
martes, 20 de septiembre de 2011
El Hierro (haibun)
Los japoneses se refieren a la soledad con la expresión “kodoku” (孤独). Y así se tendría que llamar la isla canaria de El Hierro: “soledad”. Algunos también podrían llamarla “la isla del silencio”, pero no sería apropiado. El silencio no siempre va unido a la soledad. En El Hierro hay muchos sonidos inconfundibles, pero tan solo uno casi permanente: el viento.
El sonido del viento en las cumbres, en el camino, en los acantilados…
Llegamos con el amanecer. El sol está despuntando y en la isla se perciben las primeras luces. Es un color especial, un color típico de la mañana, fusionado con el sonido del mar y del viento. Pero no solo hay sol. Las nubes cubren toda la isla, como casi todos los día

mañana soleada -
sobre el acantilado,
nubes negras
La senda es sinuosa. Dejamos la costa porque vamos ascendiendo, alcanzando las nubes. Pero el mar sigue al fondo. Es tan pequeña la isla que el mar puede verse desde casi todos sus rincones. En la ascensión, se sigue viendo el mar y se siguen viendo las nubes. Entramos en el mar de nubes. No es una denominación poética…o sí. ¿Puede haber algo más poético que juntar en una sola frase dos términos como mar y nubes? En la costa el mar, mar de agua salada. En la ascensión, el mar, el mar de nubes.

mar al fondo -
entre las nubes
la cima del monte
Se ha perdido el mar. Es el interior de la isla. Se sucede la vegetación. Cambia a cada paso, al igual que cambia la temperatura y el clima. Ahora, sol; ahora, lluvia; vuelve el sol, vuelve la lluvia…El camino se eleva. Vamos alcanzando el mar de nubes en algunos tramos. La montaña aparece y desaparece de nuestra vista. Y el viento…sigue el viento.

suenan las piedras
del camino al pisarlas -
rumor del viento
Una parada. Ha desaparecido la lluvia y el viento. Sol de la mañana. Los pasos siguen por una senda algo sinuosa y estrecha para llegar al “árbol santo”.

todo lo cubre el musgo -
no llega ell sol
al arbol santo
El “arbol santo”. Su solo nombre me hace rememorar las palabras del gran jefe indio Seattle. Rodeado de piedras, lleno de musgo, en completa humedad…nos cuentan la historia de Moneiba, de los antiguos habitantes de El Hierro y de ese árbol santo que los herreños llaman “Gaoré”.
viento en las ramas -
una historia de amor
junto al Gaoré
miércoles, 31 de agosto de 2011
viernes, 26 de agosto de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
La mariposa y Moritake...
¡Era una mariposa!
Arakida Moritake (1473 – 1549)
Solo cuando un haijin vive lo que otro está contando, es cuando aprecia en toda su intensidad un haiku. Es lo que me sucedió hace unos días. Era un paseo entre las montañas, árboles y piedras inmensas que se recorre entre Echternach y Bedford, dos pueblecitos de la Pequeña Suiza Luxemburguesa. El paisaje es impresionante. Las hojas de los árboles comienzan a amarillear, lo que ocasiona también que, con algo de premura otoñal en el verano, comiencen a caerse las hojas de los árboles.
En uno de esos instantes, casi místicos de observación atenta de la naturaleza que nos rodeaba me pareció ver una mariposa amarilla con un vuelo hacia el suelo rápido…mas cuál fue mi sorpresa al ver que lo que había pasado fugaz ante mis ojos, con un velocidad inusitada, no era una mariposa…sino una hoja recién caída…Mi mente volvió para atrás varios años y viajó repentinamente a Japón…
Por un momento, supe (o eso creo) lo que sintió Moritake al escribir su haiku más conocido, no era una flor, sino una hoja seca...y una mariposa. Y la mariposa de Moritake subía de nuevo, mientras que la mía bajaba al suelo...
las hojas caen…
yo también creía
que era una mariposa




