domingo, 16 de octubre de 2011

Haiku 57





luna llena de otoño -
unos higos secos
en el plato

Haiku 56



suenan campanas -
entra la luz de la tarde
por las vidrieras

sábado, 1 de octubre de 2011

Haiku 55




amanece...
me vuelve a soprender
la luna llena

Teatro infantil


Esta es la portada del libro que me acaba de publicar la editorial CCS. Es una obra de Navidad en dos actos para 29 personajes.


martes, 20 de septiembre de 2011

El Hierro (haibun)

EL HIERRO (haibun-recuerdo de la visita a la Isla de El Hierro con mis alumnos/as)

Los japoneses se refieren a la soledad con la expresión “kodoku” (). Y así se tendría que llamar la isla canaria de El Hierro: “soledad”. Algunos también podrían llamarla “la isla del silencio”, pero no sería apropiado. El silencio no siempre va unido a la soledad. En El Hierro hay muchos sonidos inconfundibles, pero tan solo uno casi permanente: el viento.

El sonido del viento en las cumbres, en el camino, en los acantilados…

Llegamos con el amanecer. El sol está despuntando y en la isla se perciben las primeras luces. Es un color especial, un color típico de la mañana, fusionado con el sonido del mar y del viento. Pero no solo hay sol. Las nubes cubren toda la isla, como casi todos los día


mañana soleada -

sobre el acantilado,

nubes negras


La senda es sinuosa. Dejamos la costa porque vamos ascendiendo, alcanzando las nubes. Pero el mar sigue al fondo. Es tan pequeña la isla que el mar puede verse desde casi todos sus rincones. En la ascensión, se sigue viendo el mar y se siguen viendo las nubes. Entramos en el mar de nubes. No es una denominación poética…o sí. ¿Puede haber algo más poético que juntar en una sola frase dos términos como mar y nubes? En la costa el mar, mar de agua salada. En la ascensión, el mar, el mar de nubes.


mar al fondo -

entre las nubes

la cima del monte


Se ha perdido el mar. Es el interior de la isla. Se sucede la vegetación. Cambia a cada paso, al igual que cambia la temperatura y el clima. Ahora, sol; ahora, lluvia; vuelve el sol, vuelve la lluvia…El camino se eleva. Vamos alcanzando el mar de nubes en algunos tramos. La montaña aparece y desaparece de nuestra vista. Y el viento…sigue el viento.


suenan las piedras

del camino al pisarlas -

rumor del viento


Una parada. Ha desaparecido la lluvia y el viento. Sol de la mañana. Los pasos siguen por una senda algo sinuosa y estrecha para llegar al “árbol santo”.


todo lo cubre el musgo -

no llega ell sol

al arbol santo


El “arbol santo”. Su solo nombre me hace rememorar las palabras del gran jefe indio Seattle. Rodeado de piedras, lleno de musgo, en completa humedad…nos cuentan la historia de Moneiba, de los antiguos habitantes de El Hierro y de ese árbol santo que los herreños llaman “Gaoré”.

viento en las ramas -

una historia de amor

junto al Gaoré


miércoles, 31 de agosto de 2011

Un experimento...


Un haiku en cinco idiomas...

viernes, 26 de agosto de 2011

Haiku 54.


calla el cuervo -
el sonido de la lluvia
en las hojas

jueves, 25 de agosto de 2011

La mariposa y Moritake...


¿Una flor caída
volviendo a la rama?
¡Era una mariposa!

Arakida Moritake (1473 – 1549)

Solo cuando un haijin vive lo que otro está contando, es cuando aprecia en toda su intensidad un haiku. Es lo que me sucedió hace unos días. Era un paseo entre las montañas, árboles y piedras inmensas que se recorre entre Echternach y Bedford, dos pueblecitos de la Pequeña Suiza Luxemburguesa. El paisaje es impresionante. Las hojas de los árboles comienzan a amarillear, lo que ocasiona también que, con algo de premura otoñal en el verano, comiencen a caerse las hojas de los árboles.

En uno de esos instantes, casi místicos de observación atenta de la naturaleza que nos rodeaba me pareció ver una mariposa amarilla con un vuelo hacia el suelo rápido…mas cuál fue mi sorpresa al ver que lo que había pasado fugaz ante mis ojos, con un velocidad inusitada, no era una mariposa…sino una hoja recién caída…Mi mente volvió para atrás varios años y viajó repentinamente a Japón…

Por un momento, supe (o eso creo) lo que sintió Moritake al escribir su haiku más conocido, no era una flor, sino una hoja seca...y una mariposa. Y la mariposa de Moritake subía de nuevo, mientras que la mía bajaba al suelo...

las hojas caen…
yo también creía
que era una mariposa

Haiku 53.

dos cuervos en la hierba -
amarillean
las hojas de los árboles